• Que calentura con la de Toluca

    Quedas con las piernas ligeramente abiertas y aprovecho para colocar mi mano derecha sobre tu conchita; la siento caliente y mojada… Al sentir mi mano abres un poco más las piernas y tomas mi mano dirigiéndola, como queriéndola meter en tus entrañas… mis dedos recorren suavemente tu gruta, sin penetrarla.

    A partir de que publiqué el relato sexo en el campamento, recibí algunos mensajes en donde un par de damas señalaban que les había gustado mucho el relato y que gracias a el se habían decidido a explorar nuevas delicias en su vida sexual. Específicamente uno de ellos fue de una dulce toluqueña a la que llamaremos cachorrita. Quiero compartir con ustedes una fantasía que ella me ayudó a construir, espero les guste.

    …Tú me recoges en la central de autobuses. Para esto, ya arreglaste tu horario y avisaste que estarías toda la mañana en clase y que por la tarde irías a hacer algún trabajo de equipo y en la noche te dormirás en casa de alguna amiga para celebrar su cumple.

    Para reconocernos, acordamos la vestimenta que cada uno llevaría puesta. Después de que nuestras miradas se encuentran; avanzamos el uno al otro con cierta ansiedad, nerviosismo, excitación. Disimuladamente nuestros ojos repasan nuestros cuerpos, aceptándonos e imaginándonos el resto. Yo tomo la iniciativa y te doy un abrazo; puedo sentir la tibieza de tu cuerpo a través de nuestra ropa, te tomo de las mejillas y mirándonos fijamente a los ojos te atraigo hacia mí y te doy un rico beso: primero la cálida sensación del encuentro de tus húmedos labios luego mi lengua los recorre suavemente de lado a lado para después abrirse paso entre ellos hacia el interior de tu boca en donde encuentra tu lengua y ambas se entrelazan deliciosamente. Pareciera que también a ti te gusta porque entonces tu propia lengua es la que empieza a recorrer el interior de mi boca, pero… nos percatamos que estamos perdiendo un poco de control así que nos separamos, con la cara sonrojada y la respiración agitada.

    Sin decir más, me tomas de la mano y me conduces hasta el estacionamiento de la central en donde apenas nos subimos a tu coche volvemos a fundirnos en un beso, más intenso que el anterior. Unos minutos después arrancas sin dirección alguna; te ves nerviosa, ansiosa, insegura y a la vez dispuesta a todo. Comenzamos a platicar, como queriendo apagar el fuego en nuestros vientres. La charla, el tráfico y la frescura de la mañana parecen sólo una tenue nube en el escenario de nuestros sentimientos. En un semáforo en rojo llevo tu mano hacia mi pierna, te dejas llevar, poco a poco la voy subiendo hacia mi verga; ante el contacto intentas quitar tu mano, pero con un poco de presión por parte de la mía la dejas quieta. Un instante después tú misma empiezas a explorar, a sentir la tibieza que traspasa mi pans y la dureza de mi verga, luego tú… Los autos de atrás empiezan a pitar porque el semáforo ya cambió.

    La plática se centra en tus dudas; me dices que no te has quitado de la mente este momento desde que te dije que iba a Toluca, que has pasado las noches pensando cosas calientes y que incluso te has tocado tu conchita imaginándote que son mis dedos y mi lengua los que lo hacen. Pero al mismo tiempo sientes dudas, miedos… Me dices que el principal temor es acerca del dolor, tus amigas te han dicho que la primera penetración es dolorosa; por otro lado me dices que también te preocupa la idea de un embarazo e incluso de alguna enfermedad…

    Por toda respuesta te atraigo hacia mí y te doy un beso en los labios, otro en la mejilla, otro, hasta llegar a tu oreja derecha… Te confieso que a mi me pasa lo mismo y que me he masturbado imaginándome que son tus manos, tus senos y tu boca los que hacen el trabajo… Que también comparto algunas de tus preocupaciones, pero acordamos que eso se resuelve usando preservativos; en cuanto al dolor… otro semáforo en rojo, otro beso… tus dudas se disipan… el calor sigue subiendo, cada vez más.

    Te pido que metas la mano en tu falda y la lleves a tu conchita y me digas como está… Al hacerlo me dices que está mojada, escurriendo tu miel… sacas la mano, la tomo con la mía y llevo tus dedos a mi boca… me encanta tu olor, tu sabor. Al ver que mi lengua recorre tus dedos no aguantas y ahora eres tú la que me besa, nuestras lenguas se buscan con desesperación y percibes, apenas, un sabor nuevo: el de tu propia conchita… te sientes cada vez más excitada, al igual que yo.

    Te empiezo a preguntar sobre algunos lugares a donde podemos ir y me sorprendes al avisarme que conseguiste prestada una cabaña en las afueras de la cuidad. Paramos a poner gasolina y a comprar algunas cosas para comer.

    Ahora soy yo el que conduzco, tu pareces gatita ronroneando casi encima de mi, te acercas a mi oreja y me dices quiero que me hagas de todo, metes la punta de tu lengua, casi me salgo de la carretera por la sensación… No aguanto más y saco mi verga, la empiezo a sobar descaradamente frente a ti… tus ojos se clavan en ella, lentamente llevas tu mano hacia la mía, la quitas para atraparme totalmente… Sientes su calor, como palpita, la sientes dura… Tu cerebro empieza a percibir ese olor a verga caliente; instintivamente tu lengua moja tus labios, luego nuestras miradas se encuentran y sin decir nada con mi mano hago un poco de presión sobre tu nuca, dirigiéndote hacia abajo… al primer contacto de la cabeza de mi verga sobre tus labios y la punta de tu lengua, te resistes un poco sientes un sabor extraño, pero al sentir la presión de mi verga sobre tus labios… haces lo que realmente quieres hacer, abres tu boca y dejas que entre…

    Tu lengua recorre en círculos, a lo largo, como si fuera un cono de nieve… te acostumbras rápidamente al olor y sabor de mi verga, tu mano derecha aprisiona mi pene y lo recorre de la base a la punta, suave al principio, pero cada vez con más seguridad… Te pido que te quites tus pantys; sin dejar de hacer lo tuyo y con una habilidad impresionante, cambias de mano y con tu mano derecha subes un poco tu falda y empiezas a quitarte la tanguita blanca… subes tu mirada, te levantas me pones la tanga en mi mano mientras me miras fijamente a los ojos… yo tomo tu prenda, se ve y se siente húmeda se ve la mancha de tus jugos… la llevo a mi nariz; tu olor penetra hasta mi cerebro… siento que no puedo más… los olores de tu sexo y el mío impregnan el coche, tu cara sonrojada, tu respiración agitada, tus labios brillantes por la saliva, tu lengua asomando levemente por ellos, tu pelo un poco desordenado sobre tu linda carita, tus senos se ven inflamados y tus pezones se delatan sobre tu blusa y tu mano con su incansable movimiento en mi verga…

    Me orillo en la carretera y en la misma posición y contigo prácticamente encima nos volvemos a besar, esta vez pareciera que con furia… en nuestras bocas entran nuestras lenguas, nuestros labios, nuestros dedos, embriagándonos con nuestros olores y sabores… con mi mano izquierda acaricio tu mejilla derecha y lentamente la dejo caer arrastrándola por tu cuello hasta llegar a tus senos… no los agarro, les paso suavemente, apenas perceptiblemente por encima… apenas rozo tu pezón… Le doy un pequeño pellizco que te hace dar un brinco. Quedas con las piernas ligeramente abiertas y aprovecho para colocar mi mano derecha sobre tu conchita; la siento caliente y mojada… Al sentir mi mano abres un poco más las piernas y tomas mi mano dirigiéndola, como queriéndola meter en tus entrañas… mis dedos recorren suavemente tu gruta, sin penetrarla, solo por encima… Encuentro tu clítoris… llevo mis dedos nuevamente a mi boca luego a la tuya; nos besamos…

    Separas las nalgas del asiento y arqueando un poco la espalda sientes que una bola de fuego empieza a crecer en tu vientre y va creciendo, creciendo hasta que sientes que explota y sale por cada poro de tu cuerpo… mi cuerpo también se pone tenso, la excitación aumenta al sentirte, al escuchar tus gemidos de placer, ver como te muerdes el labio inferior, tus gestos… con nuestras bocas pegadas y nuestras lenguas entrelazadas lanzamos un grito al mismo tiempo… pasa una eternidad… nos damos cuenta de la situación; ahí en la orilla de la carretera, medio desnudos, sudorosos… felices. Nos damos un nuevo beso, esta vez, suave, lento, tierno…

    Y apenas son las 11 de la mañana.

    Relato: www.relatosxxx.net


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